Partes siete y ocho
I.Estamos ahí los dos sentados en la orilla de la cama mi brazo está sobre sus hombros y sigo besando sus mejillas
-Perdóname ¿sí? ¿me perdonas?- le digo entre cada beso.
Es una situación a todas luces inapropiada: estoy besuqueando sus mejillas, en su habitación, en su cama y no hay nadie más en la casa, pero el asunto aún no raya en lo incestuoso. Aún podría interpretarse todo eso como una muestra de afecto algo exagerada, sin embargo de repente nuestros cuerpos caen en la cama, no sé si yo he empujado su cuerpo para hacerlo caer o si ambos cooperamos. Estoy encima de ella y sigo besando sus mejillas, su quijada y su mentón y luego atrevido beso su cuello, entonces ella ya con la respiración agitada reacciona.
- ¡Oh! ¿Qué haces Carlos?
-Déjame hacerte feliz mamá ¿sí?...es tu regalo de cumpleaños
Sigo besando con curiosidad su rostro y su cuello, trato de besarla en la boca, pero ella no lo permite, voltea la cara, aunque deja que le siga besando el cuello nuestra respiración es jadeante y entre cada beso se nos escapa un suspiro "ahhhhh, ahhhhh".Ella parece impaciente, los besos y caricias puede tenerlos con mi padre, Margarita ya quiere eso otro, eso que no tiene desde hace tiempo. Tiene las piernas abiertas y restriega con fuerza su sexo contra el mío, intento alzar su blusa, pero me sujeta las manos, entiendo que ella quiere ser penetrada mas no desea entregarme su desnudez. Bajo su pantalón, su calzoncito negro transparente deja ver su enjambre de vellos púbicos, algunos vellos incluso se salen por los bordes del calzon. Tengo unas ganas inmensas de hundir mi lengua en ese triángulo de vellos aterciopelados, pero no lo hago, tengo vergüenza. Me regreso a su boca, ella trata de voltear la cabeza, pero mis labios logran pescar los suyos. Besarla en la boca me produce una sensación extraña y retorcida, no es asco, es una especie de incomodidad, aunque esa incomodidad se convierte en un calambre que viaja por todo mi cuerpo y llega hasta mi miembro y lo pone más duro. Trato de meter mi lengua en su boca, pero no lo permite, aprieta los labios, sólo puedo darle unos besos superficiales y mientras nos besamos ella se baja el calzon impaciente ante mi cobardía. Me está retando, me está invitando a entrar, me pongo de rodillas frente a ella y bruscamente le abro las piernas, me quito la playera y me bajo el cierre del pantalón para que mi verga dura salga a la luz, amenazante, quiero parecer muy experto, muy macho, tomarla con mucha seguridad en mí mismo, pero luego me pongo encima de ella y mi torpeza no me permite encontrar la entrada. Además, con tanto vello no se ve dónde está el camino hacia sus entrañas, entonces mi madre esboza una sonrisa, le parece cómica mi inexperiencia, toma mi falo con la mano y me guía a la entrada, yo solo empujo un poco y listo, empieza a entrar ¡agggh! exclamo cuando la mitad de mi tranca entra, siento que me queman sus entrañas, ella me responde con un ¡uhm! ¡uhm! una especie de pujido.
-Me gustas desde hace mucho- le digo al oído, con la voz temblorosa y cortada por jadeos.
-No digas eso, Carlos oh oh- me responde y paciente me deja seguir, mientras la follo beso su cuello, alzo su blusa y las copas de su sostén, toco, igual con curiosidad sus pechos, los amaso con mi mano derecha, los beso y empiezo a mamarlos como un bebé "mmm ay ay", murmura, le provoco cosquillas al succionar sus pezones. Mi cuerpo conoció primero su vientre y luego sus pechos, todo eso es como una alegoría de la vida.
Mis movimientos son torpes, meto y saco mi verga, pero muy despacio, pues su coño está muy ajustado como el de una doncella. Es como si mi pene estuviera atascado y mi madre jadeando agita las caderas, como pidiendo que me mueva más, para darle más placer, pero mis movimientos siguen siendo torpes. Entonces Margarita, sin sacarse mi tranca, hace un movimiento como de lucha grecorromana me abraza y me voltea, ella queda encima de mi y empieza a brincar en mi polla a su antojo, bruscamente, como en un estado de trance, se retuerce, sus tetas rebotan en cada brinco que da y su cabellera negra se agita como las llamas de una hoguera "oh oh oh sí sí", grita y luego murmura "¿te gusta? ¿eso es lo que querías? ¿te gusta eh?" Pero yo no respondo, mis propios jadeos me ahogan y me impiden hablar, siento como su entrepierna escurre cada vez más y moja sus vellos púbicos y los míos, sus entrañas se tornan cada vez más calientes y sus gestos grotescos me anuncian que está a punto de explotar
"oh no, esto no está bien" murmura cómo tratando de aparentar un poco de culpa, "ayyyy ayyyy ou ou ou oh Carlos no... me haces...me haces venir ¡noooo!" dice asustada, se rehúsa a consumar ese acto prohibido, le asusta tener un orgasmo frente a mi, conmigo. Grita con tanta fuerza que tengo miedo que los vecinos escuchen y siento como su vagina se contrae y aprieta mi tranca, arquea la espalda y la cabeza se quedando mirando el techo y luego suspira "ahhhhh" y se deja caer junto a mi. Tengo miedo que como ella ha obtenido ya su anhelado extasis, no quiera continuar, yo ni siquiera pude terminar, pero en cuanto mi Margarita, mi bella flor recupera el aliento, se recuesta en mi pecho, siento su aliento aún agitado y vaporoso y sus redondas tetas sudadas y calientes reposando sobre mi torso, me acaricia la polla "no terminaste ¿Verdad?" me dice al oído y yo moviendo la cabeza le digo que no. Me jala y me soba el miembro mientras me da besitos y lenguetazos en la mejilla para excitarme, ve de reojo hacia abajo como ansiosa , morbosa, quiere ver cómo me corro y finalmente mi falo explota derramando toda mi leche en mi ombligo y en su mano. Entonces sin decir nada, me pasa un rollo de papel higiénico para que me limpie, ni siquiera pude terminar dentro de ella como en mis fantasías, pero ya habrá tiempo después, ya habrá otras ocasiones, pienso. Ahora ella reposa junto a mi y ya que pasó toda la euforia animal, parece avergonzada, incluso ha cubierto su cuerpo con una parte del edredón, pero al mismo tiempo se ve que desea continuar pues no se retira, se queda ahí expectante.
Apenas recupero fuerzas y me inclino otra vez sobre ella, hago a un lado el edredón y vuelvo a besarla en la boca, pero ahora ella misma abre la boca para que mi lengua pueda entrar y me sujeta de las mejillas para que mis labios no se despeguen de los suyos y mientras le mamo la boca y los pechos ella me masajea la polla y yo le respondo igual acariciando su concha ya empapada "oh oh oh", se empieza a excitar y a gemir, abre más las piernas y me sujeta de las nalgas para empujar mi cuerpo contra el suyo.
"No, espera volteate" le digo, porque quiero cogerla como en mis fantasias, contemplar esas redondeces traseras que me vuelven loco. Ella cumple mi capricho y se pone en cuatro, con su culo enorme apuntando hacia mí, me sujeto de sus caderas y hundo mi tranca en sus entrañas cómo la vez pasada me responde con un pujido "uhm uhm" y empezamos a movernos como locos en la posición más animal completamente desnudos, somos como dos animales, lo único que nos hace parecer humanos son las palabras que de repente se nos escapan "oh mamá... sí sí Carlos...así bebé" Mi tranca está envuelta por el calor y la humedad de su sexo y mis muslos tocan sus inmensas y pálidas nalgas que se estrellan contra ellos en cada embestida. Tengo encuerada enculada y ensartada a mi madre, a la "mamá de Carlos", a Doña Margarita, a la Señora González, a la esposa del mecánico, Estoy cumpliendo mi fantasía, la fantasía del maestro Ling, de mis compañeros, del panadero, del carnicero y de cientos de hombres. De vez en vez masajeo sus nalgas, son tan grandes que cubren el resto de su anatomía, en esa posición solo se ven sus posaderas y de lejos sus cabellos negros y sus hombros, estiró mis manos y me aferro a sus pechos colgantes, morboso, como queriendo pesarlos los alzó desde abajo y de pronto ella exclama "oh Carlos, Carlos oh oh" y luego dentro de su lujuria en un momento de cordura dice "no termines dentro de mí" y empieza a convulsionarse. Le saco mi verga y me corro en esa raya entre sus nalgas, mi pene escupe cuatro o cinco veces, mientras mi mujer sigue teniendo un orgasmo larguísimo y dramático, así en cuatro patas sigue convulsionando y arquea las espalda como una serpiente bufando "ah ah oh oh".
Ahora sí, exhausto me dejo caer en la cama me quedo tendido con el pito aún palpitando espero recuperar fuerzas para seguir, pero no puedo ni respirar bien. Mi madre, también se deja caer violentamente boca arriba mientras suspira "ufffff" y se limpia el sudor de la frente y abraza una almohada para cubrirse desde los pechos hasta el pubis. Nos quedamos unos minutos viendo el techo, luego me inclino sobre ella, para seguir gozando su cuerpo, trato de besarla, pero Margarita mira su reloj me empuja
- ¡No puede ser, ya son las tres!- grita y así desnuda se levanta de un brinco y empieza a recoger sus prendas y las mias. Es algo curioso, pero ahora ella se cubre los pechos con su brazo, me parece absurdo pues yo ya le había visto todo y su concha peluda sigue al descubierto, pero parece que ella quiere mostrar un poco de pudor. Se pone el sostén primero, luego se sienta en la orilla de la cama para ponerse el calzon -anda ¡vete ya!-dice, mientras me avienta mi ropa y vuelve a insistir -ya mi amor ¿que esperas? vete a vestir a tu cuarto- y salgo desnudo, sosteniendo un montoncito de ropa. Apenas entro a mi cuarto escucho que mi hermana abre la puerta de la casa. La casa no tiene portón y la puerta principal apenas y hace ruido al ser abierta. Si mi madre y yo hubiéramos tardado un poco más, Lucía nos hubiera encontrado en una situación muy perturbadora, entregados a un acto prohibido, con la puerta de la recamara abierta. Hubiera encontrado a su progenitora desnuda en cuatro patas siendo mancillada por su propio hijo. Si Lucía hubiera llegado un poco antes, aún estaría traumada y en terapia.
Mientras me visto en mi cuarto escucho que Lucía sube las escaleras y se encuentra a mi madre en el pasillo que le hace una pregunta tonta "¿ya llegaste niña?...ya va a estar la comida eh" Unos cuarenta minutos después mi madre nos llama a comer, me siento frente a Lucia, mientras Margarita sirve platos de comida junto a la estufa. Estoy nervioso, agitado, mi paranoia me hace sentir que Lucía lo sabe todo o que se dará cuenta de todo
-Uy, te pusiste mucho perfume, mamá. Hasta acá huele- dice Lucia
-Jeje creo que sí mi amor, es que me gustó mucho- responde nerviosa Margarita, pero más bien soy yo el que tiene impregnado en sus manos y su cara el perfume de mamá. Y siento que los dos olemos a sexo. Me doy cuenta que bajar a comer fue mala idea, pero igual se vería sospechoso que me quedara en mi habitación. Ni siquiera tuve el cuidado de lavarme la cara y las manos y de verme al espejo. Talvez tenga restos de lápiz labial en mis mejillas y mis labios. Me apresuro a mirar mi reflejo en una cuchara, pero creo que todo está bien. Mi madre se sienta a comer, mal peinada demacrada, con la ropa mal puesta y arrugada y el lápiz labial un poco corrido. La regordeta Lucia empieza a llevar trozos de comida a su boca
-Parece que corriste un maratón tonto ¿Por qué te ves tan cansado si ni siquiera tuviste clases?- Me dice Lucia, hablando con la boca llena, no es delicada y hermosa como su madre.
- Anda come, come. Deja de molestar a tu hermano, muñeca...¿Que tal me quedó la comida eh?- Responde mi madre, tratando de cambiar el rumbo de la conversación y me lanza una mirada fría como diciendo "controla tu nerviosismo, no seas idiota". Tengo miedo de que las preguntas tontas de mi hermana nos pongan nerviosos y terminemos delatandonos y gritando "Si, sí ¡Tuvimos sexo! ¡sexo! ¡Como dos animales!"
Pero a pesar de que esos cuarenta minutos que dura la comida, son una tortura, pasamos la prueba. Parece que Lucia no sospecha nada.
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Parte ocho
IEl maestro Ling me hace una pregunta, contesto una tontería y todos se rien de mí. Pero estos tontos ni siquiera saben porqué estoy distraído, no puedo concentrarme en la clase de geometría, no dejo de pensar en lo que sucedió hace una semana. Me pregunto ¿Qué pensarían si supieran todo? Talvez algunos mostrarían algo de indignación, pero todos me verían con admiración y envidia, pensarían que soy un don Juan que se ha llevado a la cama a una milf, que además es su propia madre. Incluso las mujeres me verían como un tipo interesante, un loco incomprendido, un hombre que debe tener algo único porque fue capaz de seducir a su mismísima progenitora. Y en verdad también yo me siento todo un Don Juan, no puedo creer aún que semejante hembra haya sido mia y hoy quiero hacerla mía otra vez. Son las diez y ya quiero que transcurran otros sesenta malditos minutos para irme a mi casa.
Por fin dan las once y salgo prácticamente corriendo, sin despedirme de nadie. Camino rápidamente por el pasillo, el patio de la escuela y luego por las mismas calles de siempre. Regularmente recorrer la distancia entre la escuela y mi casa me toma unos veinticinco minutos, pero hoy he realizado el recorrido en quince. Sin embargo no entro de inmediato a la casa, me quedo caminando un rato en la calle, estoy nervioso, siento un hueco en el estómago, tiemblo, me sudan las manos y respiro con dificultad. Y es que la vez pasada todo fluyó, todo pasó de repente sin planearlo, así que no hubo tiempo para sentir nervios y ansiedad, hoy quiero hacerlo con ella, pero no sé cómo pedírselo. Toda la semana mi madre y yo estuvimos ocupados en nuestros propios asuntos, casi no nos vimos y las pocas veces que llegamos a coincidir en la cocina o en la sala, no pudimos ni mirarnos a la cara.
Finalmente me armo de valor y abruptamente abro la puerta como si después de abrirla fuera a lanzarme a un abismo en el que no sé qué sucederá. Como en cualquier mediodía de viernes, en mi casa predomina el silencio, solamente los intensos rayos del sol hacen que el ambiente sea menos fúnebre. No es como en mis fantasías, Margarita no me está esperando en el sillón en lencería y maquillada como una prostituta, tampoco me dice en un tono obsceno "te estaba esperando mi amor". No, nada de eso, mi madre está cocinando, pica verduras en una tabla junto a la estufa, se ve linda, lleva sus típicos jeans ajustados (bueno con tremendo culo cualquier pantalón le queda ajustado) y una blusa floreada de manga corta, tiene el cabello recogido en un chongo y eso deja ver su cuello largo y delgado como de cisne, pero ¿Por qué se ha puesto a cocinar a estas horas si hoy es nuestro día? ¿Será que no quiere estar otra vez conmigo? ¿Acaso se siente culpable o no fui un buen amante para ella?
-¿Cómo te fue en la escuela?- me pregunta mi madre, sin mucho afán, sin voltear a verme y mientras sigue haciendo sus cosas
- Bien, me fue bien ma
- Qué bueno
Me quedo ahí parado en la entrada de la cocina, a unos dos metros de ella, nervioso tragando, saliva glup glup, quiero decirle algo atrevido, hacerle una propuesta indecorosa, pero no me atrevo.
- Bueno me voy a mi habitación
- Ok Carlitos, cuando esté lista la comida te aviso
Me retiro decepcionado ante su frialdad, pero no me voy a mi habitación, me quedo en la sala y enciendo la televisión, parece que tengo la esperanza de que ella venga aquí en cuanto de desocupe, pero pasan veinte o treinta minutos y no viene. Entonces nuevamente me armo de valor y entro a la cocina, ella sigue dándome la espalda moviendo cosas de un lado a otro frente a la estufa.
- ¿Qué pasó? ¿Qué quieres? Me dice en cuanto siente mi presencia, pero no le contesto de inmediato, me aproximo a ella y masajeo sus hombros, nervioso y excitado
- ¿Estás ocupada?
- Mmmm pues si ¿no ves?- me responde, tan nerviosa como yo
- Oye ¿qué tal si vamos un rato a mi habitación?
- ¿Para qué?
- Pues para hacer... ya sabes, lo del otro día- le digo mientras clavo mi mirada en su nuca y dejo de masajear su hombros y acaricio su cintura
- ¿A qué te refieres Carlos?
- ¿Cómo que a qué me refiero? Tú sabes lo que pasó
- No recuerdo que haya pasado algo, talvez estabas borracho y te imaginaste que pasó algo
- Pero... mamá
- Pero nada, tú lo has dicho, soy tu mamá, soy una mujer casada y tú eres un niño...olvídalo ¿sí?
- Es que ¿no te gustó?
- Fue algo lindo, pero no estuvo bien, fue una tontería. Creo que tú y yo nos queremos mucho y nos demostramos nuestro afecto de una forma exagerada y que no es correcta. Si de verdad me quieres, olvídate de eso ...y déjame trabajar ¿Sí mi amor?
Y entonces salgo de la cocina refunfuñando. Margarita acaba de noquearme con el típico chantaje sentimental de las madres: "Si me quieres, haz lo que a mí me de la gana". Subo las escaleras, entro a mi habitación y me tiro en la cama confundido. Yo estaba seguro que lo haríamos de nuevo ¿Y si no volvemos a hacerlo nunca? Pienso con tristeza que hubiera sido mejor no haberle hecho el amor, pues no se puede extrañar lo que nunca se ha tenido. Ahora me siento frustrado, quiero volver a acariciar su piel ajustada, resbalosa y suave , sentir esa consistencia única que tienen sus carnes y que no tienen las mías, esa mezcla de dureza y suavidad que tienen sus redondeces, esa combinación de suavidad y rasposidad que tiene su sexo. Y mi sexo y mi lengua quieren hundirse en sus cavidades suaves, húmedas y calidas, quiero devorar su aliento y su saliva, como aquella vez y aspirar el olor de su sudor y de su intimidad en celo y escuchar sus gemidos de placer. Sí, quiero gozarla con todos mis sentidos como el viernes pasado. Mi miembro está durísimo desde que llegué a casa, está tan rígido que me duele, estoy a punto de bajarme los pantalones y de masajearme la tranca, pero no, no puedo hacerlo, yo pensé que la masturbación ya era cosa del pasado. En toda la semana no me toque, guardé mi energía y mi semilla para ella y no quiero desperdiciarla en un acto tan absurdo. Y así paso no sé cuánto tiempo mirando el techo con el pene palpitando.
-Carloooos! - mi madre me llama de repente, pienso que talvez me enviará a comprar algo, así que bajo a la cocina y la encuentro ahí otra vez dándome la espalda sin voltear a verme, mientras lava los trastes
-Lo estuve pensando bien ...y bueno está bien, hazlo, pero será la última vez ¿ok? Y apresúrate, no tenemos mucho tiempo.
Entonces me aproximo a ella y me quedo detrás pensando -anda, hazlo ya- me dice mientras se seca las manos, se sujeta del borde del lavabo y levanta un poco sus nalgas. Rodeo su cintura con mis brazos y mientras beso su nuca y su cuello le desabrocho y le bajo el pantalón -apresurate Carlos- insiste.
- Ya voy, espera mamá - le digo y me bajo los pantalones y el boxer, y noto que mi miembro sigue durísimo y levantado apuntando hacia el culo de mamá, como si tuviera vida propia - ¿Estás lista?- le digo ya jadeando, pero no me responde nada, bajo su calzoncito color púrpura, con esfuerzo porque parece que está completamente metido entre sus nalgas, es como si sus nalgas lo estuvieran mordiendo. La sujeto de la cintura y hundo lentamente mi tranca en su raja. Me entusiasma sentir en mi falo sus vellos púbicos espinosos, se los ha recortado, ella se preparó para mí, lo sé. Y es tan predecible, me responde con su clásico pujido "uhm uhm" cuando le entra toda, ella sujetada del lavabo y yo de su cintura empezamos a movernos al mismo ritmo.
- ¡Oh oh! ¡Carlos!
- ¿Te parece que soy un niño? Le digo jadeando en su oreja - Eh, anda, dime ¿soy un niño?- insisto
- Oh mi amor, que cosas dices
- ¿Te gusta mamá ? ¿Te gusta?
- Oh cállate mi amor
- Dime que te gusta, anda- le digo mientras sigo follandola y masajeo sus tetas por encima de la blusa, pero luego meto mis manos debajo de esa prenda floreada
- Sí sí me gusta, sigue mi vida ¿ya estás contento?
- Y tú me encantas mamá, eres mía y lo serás muchas veces
- No no...ya te dije que esto no está bien- Me dice, y luego de unos minutos empieza a retorcerse y a arañar el lavabo, mientras su concha se humedece -¡oh ya ya ya mi amor, que ricoooo!- Ella está disfrutando su éxtasis mientras mi polla sigue dentro de su vientre y me esfuerzo por venirme - oh ten, termina aquí- me dice mientras me pasa una bolsa de plástico. Ella no quiere que le ensucie las nalgas y tampoco que mi leche caiga en el suelo, no debemos dejar rastros de nuestra lujuria.
- ¿Qué?
- Que termines ahí
- Ahhhh ahhhhh, exclamo cuando siento que voy a venirme, se la saco a mi madre, meto mi tranca en la bolsa y me corro ahí -ahhhhh- suspiro en cada escupida de mi pene, mientras el fondo de la bolsita se va llenando de leche, luego tiro la bolsa en el bote de basura -oh gracias, te amo mamá- le digo ahogandome y caballeroso le subo sus braguitas, Por un momento me dan ganas de morderle una nalga mientras le subo los calzones, pero solo le doy un beso en la nalga derecha y también le subo el pantalón. Me gustaría seguir pero ya es demasiado tarde, no estaremos más de treinta o cuarenta minutos solos.
- Bueno, ahora que ya te desahogaste descansa y déjame terminar la comida ¿sí? - me dice agitada y avergonzada mientras se acomoda la ropa y se seca el sudor de la frente.
