Parte ocho


IEl maestro Ling me hace una pregunta, contesto una tontería y todos se rien de mí. Pero estos tontos ni siquiera saben porqué estoy distraído, no puedo concentrarme en la clase de geometría, no dejo de pensar en lo que sucedió hace una semana. Me pregunto ¿Qué pensarían si supieran todo? Talvez algunos mostrarían algo de indignación, pero todos me verían con admiración y envidia, pensarían que soy un don Juan que se ha llevado a la cama a una milf, que además es su propia madre. Incluso las mujeres me verían como un tipo interesante, un loco incomprendido, un hombre que debe tener algo único porque fue capaz de seducir a su mismísima progenitora. Y en verdad también yo me siento todo un Don Juan, no puedo creer aún que semejante hembra haya sido mia y hoy quiero hacerla mía otra vez. Son las diez y ya quiero que transcurran otros sesenta malditos minutos para irme a mi casa.

Por fin dan las once y salgo prácticamente corriendo, sin despedirme de nadie. Camino rápidamente por el pasillo, el patio de la escuela y luego por las mismas calles de siempre. Regularmente recorrer la distancia entre la escuela y mi casa me toma unos veinticinco minutos, pero hoy he realizado el recorrido en quince. Sin embargo no entro de inmediato a la casa, me quedo caminando un rato en la calle, estoy nervioso, siento un hueco en el estómago, tiemblo, me sudan las manos y respiro con dificultad. Y es que la vez pasada todo fluyó, todo pasó de repente sin planearlo, así que no hubo tiempo para sentir nervios y ansiedad, hoy quiero hacerlo con ella, pero no sé cómo pedírselo. Toda la semana mi madre y yo estuvimos ocupados en nuestros propios asuntos, casi no nos vimos y las pocas veces que llegamos a coincidir en la cocina o en la sala, no pudimos ni mirarnos a la cara.

Finalmente me armo de valor y abruptamente abro la puerta como si después de abrirla fuera a lanzarme a un abismo en el que no sé qué sucederá. Como en cualquier mediodía de viernes, en mi casa predomina el silencio, solamente los intensos rayos del sol hacen que el ambiente sea menos fúnebre. No es como en mis fantasías, Margarita no me está esperando en el sillón en lencería y maquillada como una prostituta, tampoco me dice en un tono obsceno "te estaba esperando mi amor". No, nada de eso, mi madre está cocinando, pica verduras en una tabla junto a la estufa, se ve linda, lleva sus típicos jeans ajustados (bueno con tremendo culo cualquier pantalón le queda ajustado) y una blusa floreada de manga corta, tiene el cabello recogido en un chongo y eso deja ver su cuello largo y delgado como de cisne, pero ¿Por qué se ha puesto a cocinar a estas horas si hoy es nuestro día? ¿Será que no quiere estar otra vez conmigo? ¿Acaso se siente culpable o no fui un buen amante para ella?

-¿Cómo te fue en la escuela?- me pregunta mi madre, sin mucho afán, sin voltear a verme y mientras sigue haciendo sus cosas

- Bien, me fue bien ma

- Qué bueno

Me quedo ahí parado en la entrada de la cocina, a unos dos metros de ella, nervioso tragando, saliva glup glup, quiero decirle algo atrevido, hacerle una propuesta indecorosa, pero no me atrevo.

- Bueno me voy a mi habitación

- Ok Carlitos, cuando esté lista la comida te aviso

Me retiro decepcionado ante su frialdad, pero no me voy a mi habitación, me quedo en la sala y enciendo la televisión, parece que tengo la esperanza de que ella venga aquí en cuanto de desocupe, pero pasan veinte o treinta minutos y no viene. Entonces nuevamente me armo de valor y entro a la cocina, ella sigue dándome la espalda moviendo cosas de un lado a otro frente a la estufa.

- ¿Qué pasó? ¿Qué quieres? Me dice en cuanto siente mi presencia, pero no le contesto de inmediato, me aproximo a ella y masajeo sus hombros, nervioso y excitado

- ¿Estás ocupada?

- Mmmm pues si ¿no ves?- me responde, tan nerviosa como yo

- Oye ¿qué tal si vamos un rato a mi habitación?

- ¿Para qué?

- Pues para hacer... ya sabes, lo del otro día- le digo mientras clavo mi mirada en su nuca y dejo de masajear su hombros y acaricio su cintura

- ¿A qué te refieres Carlos?

- ¿Cómo que a qué me refiero? Tú sabes lo que pasó

- No recuerdo que haya pasado algo, talvez estabas borracho y te imaginaste que pasó algo

- Pero... mamá

- Pero nada, tú lo has dicho, soy tu mamá, soy una mujer casada y tú eres un niño...olvídalo ¿sí?

- Es que ¿no te gustó?

- Fue algo lindo, pero no estuvo bien, fue una tontería. Creo que tú y yo nos queremos mucho y nos demostramos nuestro afecto de una forma exagerada y que no es correcta. Si de verdad me quieres, olvídate de eso ...y déjame trabajar ¿Sí mi amor?

Y entonces salgo de la cocina refunfuñando. Margarita acaba de noquearme con el típico chantaje sentimental de las madres: "Si me quieres, haz lo que a mí me de la gana". Subo las escaleras, entro a mi habitación y me tiro en la cama confundido. Yo estaba seguro que lo haríamos de nuevo ¿Y si no volvemos a hacerlo nunca? Pienso con tristeza que hubiera sido mejor no haberle hecho el amor, pues no se puede extrañar lo que nunca se ha tenido. Ahora me siento frustrado, quiero volver a acariciar su piel ajustada, resbalosa y suave , sentir esa consistencia única que tienen sus carnes y que no tienen las mías, esa mezcla de dureza y suavidad que tienen sus redondeces, esa combinación de suavidad y rasposidad que tiene su sexo. Y mi sexo y mi lengua quieren hundirse en sus cavidades suaves, húmedas y calidas, quiero devorar su aliento y su saliva, como aquella vez y aspirar el olor de su sudor y de su intimidad en celo y escuchar sus gemidos de placer. Sí, quiero gozarla con todos mis sentidos como el viernes pasado. Mi miembro está durísimo desde que llegué a casa, está tan rígido que me duele, estoy a punto de bajarme los pantalones y de masajearme la tranca, pero no, no puedo hacerlo, yo pensé que la masturbación ya era cosa del pasado. En toda la semana no me toque, guardé mi energía y mi semilla para ella y no quiero desperdiciarla en un acto tan absurdo. Y así paso no sé cuánto tiempo mirando el techo con el pene palpitando.

-Carloooos! - mi madre me llama de repente, pienso que talvez me enviará a comprar algo, así que bajo a la cocina y la encuentro ahí otra vez dándome la espalda sin voltear a verme, mientras lava los trastes

-Lo estuve pensando bien ...y bueno está bien, hazlo, pero será la última vez ¿ok? Y apresúrate, no tenemos mucho tiempo.

Entonces me aproximo a ella y me quedo detrás pensando -anda, hazlo ya- me dice mientras se seca las manos, se sujeta del borde del lavabo y levanta un poco sus nalgas. Rodeo su cintura con mis brazos y mientras beso su nuca y su cuello le desabrocho y le bajo el pantalón -apresurate Carlos- insiste.

- Ya voy, espera mamá - le digo y me bajo los pantalones y el boxer, y noto que mi miembro sigue durísimo y levantado apuntando hacia el culo de mamá, como si tuviera vida propia - ¿Estás lista?- le digo ya jadeando, pero no me responde nada, bajo su calzoncito color púrpura, con esfuerzo porque parece que está completamente metido entre sus nalgas, es como si sus nalgas lo estuvieran mordiendo. La sujeto de la cintura y hundo lentamente mi tranca en su raja. Me entusiasma sentir en mi falo sus vellos púbicos espinosos, se los ha recortado, ella se preparó para mí, lo sé. Y es tan predecible, me responde con su clásico pujido "uhm uhm" cuando le entra toda, ella sujetada del lavabo y yo de su cintura empezamos a movernos al mismo ritmo.

- ¡Oh oh! ¡Carlos!

- ¿Te parece que soy un niño? Le digo jadeando en su oreja - Eh, anda, dime ¿soy un niño?- insisto

- Oh mi amor, que cosas dices

- ¿Te gusta mamá ? ¿Te gusta?

- Oh cállate mi amor

- Dime que te gusta, anda- le digo mientras sigo follandola y masajeo sus tetas por encima de la blusa, pero luego meto mis manos debajo de esa prenda floreada

- Sí sí me gusta, sigue mi vida ¿ya estás contento?

- Y tú me encantas mamá, eres mía y lo serás muchas veces

- No no...ya te dije que esto no está bien- Me dice, y luego de unos minutos empieza a retorcerse y a arañar el lavabo, mientras su concha se humedece -¡oh ya ya ya mi amor, que ricoooo!- Ella está disfrutando su éxtasis mientras mi polla sigue dentro de su vientre y me esfuerzo por venirme - oh ten, termina aquí- me dice mientras me pasa una bolsa de plástico. Ella no quiere que le ensucie las nalgas y tampoco que mi leche caiga en el suelo, no debemos dejar rastros de nuestra lujuria.

- ¿Qué?

- Que termines ahí

- Ahhhh ahhhhh, exclamo cuando siento que voy a venirme, se la saco a mi madre, meto mi tranca en la bolsa y me corro ahí -ahhhhh- suspiro en cada escupida de mi pene, mientras el fondo de la bolsita se va llenando de leche, luego tiro la bolsa en el bote de basura -oh gracias, te amo mamá- le digo ahogandome y caballeroso le subo sus braguitas, Por un momento me dan ganas de morderle una nalga mientras le subo los calzones, pero solo le doy un beso en la nalga derecha y también le subo el pantalón. Me gustaría seguir pero ya es demasiado tarde, no estaremos más de treinta o cuarenta minutos solos.

- Bueno, ahora que ya te desahogaste descansa y déjame terminar la comida ¿sí? - me dice agitada y avergonzada mientras se acomoda la ropa y se seca el sudor de la frente.


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