novena parte


IEs viernes, e igual que la semana pasada, en cuanto el maestro nos dice que podemos irnos salgo casi corriendo sin despedirme de nadie. Me estoy volviendo un ermitaño, no me interesa socializar, sólo pienso en sexo y en Margarita. Y en mi torpe huida mi hombro choca con el hombro de una compañera

- Ay tonto fíjate- me reprocha mi flaca compañera de trenzas

- Perdón- le digo y sigo escurriendome entre la multitud para salir del salón

Parece ridícula mi obsesión con el tiempo, pero cualquiera que tuviera acceso a una hembra como Margarita quisiera pasar con ella todos los minutos y todas las horas posibles. Si me apresuro y mi madre no tiene nada que hacer, podremos estar tres horas juntos, tres maravillosas horas. Nuestro primer encuentro fue intenso, los dos teníamos deseos y fantasías acumuladas, estábamos hambrientos de sexo y ella se entregó a mi de una forma irracional, animal. Lo hizo conmigo de una forma que después la hizo sentir avergonzada y culpable; el segundo encuentro no fue tan bueno, fue sólo algo breve, para quitarnos las ganas y lo hicimos solamente después de negociar y regatear. Así que tengo miedo de que si el tercer encuentro no es algo digno de una película porno, la relación se pueda apagar, sí, nuestra tercera vez tiene que ser algo especial y quiero verla completamente desnuda como la primera vez, en la cama, sin prisas.

Pero apenas camino dos cuadras recibo un mensaje de mi padre

*¿Puedes cuidar el taller un rato? Tengo que ir a comprar unas refacciones

*sí claro voy para allá * le respondo resignado y decepcionado

¡Diablos! parece como si parece como si mi padre lo supiera todo y tratara de echar a perder el encuentro de su esposa con su joven amante, pero es imposible que él lo sepa y sobre todo que pueda sospechar precisamente de mí. El taller se encuentra algo lejos de la escuela, pero camino tres o cuatro cuadras más para tomar el autobús y llegar más rápido. Cuando por fin llego al taller son casi las doce, he perdido una valiosa hora y perderé por lo menos una hora más.

- Carlitos ¿cómo estás? ¿cómo te fue en la escuela?

- Bien, todo bien ...y bueno ¿en qué quieres que te ayude?

- Como te decía, necesito que te quedes un rato, voy a comprar unas refacciones en el centro. Va a venir el dueño de la Toyota ya me pagó, solo tienes que darle estas llaves.

Mi padre se va y me quedo ahí solo, en el taller, me siento en la silla frente al escritorio destartalado, veo los pósters de autos y las herramientas regadas por todo el suelo. Aspiro ese olor a aceite y gasolina que me marea, pienso que ahora podría estar aspirando el olor a rosas de ese perfume que mi hermana y yo le regalamos a mi madre y podría estar enloqueciendome con el olor de su boca, sus cabellos, su sudor y el aroma de su sexo excitado húmedo y palpitante. Pasan diez, veinte, treinta minutos y ni el dueño de la camioneta ni mi padre se aparecen, estoy a punto de entrar al baño a masajear mi polla para apaciguarme, y es que estoy tan excitado que me duele y mi miembro erecto no cabe en mis ropas. Sin duda debo masturbarme, para que vuelva a su tamaño original y es que no creo poder esperar una semana. Finalmente poco después de la una se aparece mi padre

- Ufff perdón, es que había mucha gente en la refaccionaria

- No te preocupes pa ¿Necesitas algo más?- le respondo ansioso y apresurado

- Creo que no ¿Por qué tanta prisa eh? ¿Tienes tarea?

- No para nada es que...

Y en eso recibo un mensaje de mi madre...ahí está la explicación de porque tengo tanta prisa

*¿Qué pasó mi amor? ¿dónde estás?

*Estoy en el taller, mi papá me pidió que le ayudara, pero ya voy a terminar

* Ah ok es que me preocupe, los viernes siempre llegas temprano

Me entusiasma saber que Margarita me está esperando, me hace sentir hombre saber que ella me desea. Yo pensé que la segunda vez ella lo había hecho conmigo por compromiso, pero ahora sé que le encantó y que impaciente espera su orgasmo semanal. Y todo esto es algo obsceno, retorcido y surrealista, me he convertido en el amante de mi madre y ella me está mandando mensajes precisamente cuando estoy con su esposo, que además es mi padre. Guardo el celular en mi bolsillo y mi padre retoma la conversación

- ¿Es una muchacha?

- No ¿como crees?

- ¿Te llevo a la casa?

- No, no te molestes pa, yo puedo llegar solo, mejor quédate a esperar al cliente

- Anda déjame llevarte, no creo que venga pronto el dueño de la camioneta

- Es que no voy para la casa

- Ah entonces si vas a verte con una muchacha

- Si, voy a salir un rato con una amiga- Le digo para que me deje en paz y para que no insista en llevarme a la casa, porque si me lleva va a querer quedarse un rato ahí

- Oh ¿y cómo se llama ella?

- Se llama Mar... Marissa

- Marissa ¿eh? Jeje y ¿ella está...? ya sabes ¿está buena?

- Pues creo que sí ...más o menos

- ¿Y ya hiciste cosas con ellas?

- ¡Oh papá!

- Anda dime, estamos entre hombres

- Bueno, no...pero en eso estoy

- Pues ya sabes, si haces esas cosas hay que usar globito, si embarazas a esa muchacha vas a echar a perder tu vida- me dice con un aire de sabiduría y tiene razón, "Marissa" y yo deberíamos usar protección, aunque ella pasa de los cuarenta, nuestra técnica de "termina afuera" no nos va a salvar toda la vida. Tarde o temprano ella quedará preñada o mi hermana o mi padre nos encontrarán en pleno acto, tarde o temprano nuestra lujuria tendrá consecuencias desastrosas, pienso, pero parece que ella y yo ya estamos enganchados a nuestros sucios placeres y seguiremos entregandonos a esos placeres ilícitos todos los viernes.

- Bueno, entonces si ya no se te ofrece nada me voy ¿ok?

- Anda, anda, vete pues y gracias por venir - me dice mi padre, mientras yo ya estoy moviendo un pie para emprender la huida.

Camino lo más rápido que puedo hacia la parada de autobús y afortunadamente el viejo camión llega pronto. En mi asiento, mientras la ciudad se desliza frente a mis ojos, hago cuentas mirando el reloj. Pienso que mi madre y yo por lo menos podremos disfrutar un buen "rapidín" como el de la vez pasada, talvez en la recámara, sin quitarnos la ropa, algo rápido pero sin presiones con el tiempo suficiente para que no nos interrumpa la tonta Lucia. Parece que ir al taller me enfrió un poco, los viernes no quiero tener contacto con mi padre o con Lucia, porque su presencia me recuerda que Margarita es mi madre y que ella y yo estamos haciendo algo terrible. Los viernes quiero pensar que sólo existimos Margarita y yo y que nuestra casa está en otra dimensión, donde ella y yo sólo somos dos estrellas porno que están tratando de hacer el mejor video de sus carreras, o quiero imaginar talvez que estamos en una película romántica. Porque no puedo ocultar que siempre he estado enamorado de mi madre, la ame incluso antes de desearla, y si antes tenía fantasías eróticas con ella, ahora que hemos tenido sexo, tengo fantasías románticas. Me imagino que ella y yo escapamos a otra ciudad para vivir como marido y mujer o que simplemente le confesamos a todos que nos amamos y todos, resignados aceptan nuestro amor. Son fantasías tontas, pero finalmente lo que hacemos también es tonto y sé que ella no me ama como hombre, pero si la llevo al climax decenas o cientos de veces, terminará viéndome como su hombre y sentirá que está enamorada de mi. Así que por lo menos las primeras veces no la asustare con propuestas románticas, eso echaría todo a perder, primero tengo que hacer que ella se enganche conmigo. Y algún día en la locura del orgasmo le diré al oído "te amo, estoy enamorado de ti y quiero que seas mi mujer" y ella me responderá "sí, sí, ya no amo a tu padre, te amo a ti, quiero ser tu mujer...para siempre".

Finalmente bajo del autobús y recorro corriendo las tres o cuatro cuadras que me separan de mi casa. En la puerta, me tomo un tiempo para recuperarme de todo el ajetreo. Estoy como un esposo ansioso por aprovechar un momento de privacidad para hacerle el amor a su hermosa esposa. Son casi las dos, tenemos una hora más o menos, no sé si sea mejor dejarlo para otra ocasión o aprovechar esa hora. Finalmente opto por la segunda opción, sé que Margarita ha estado esperándome y no puedo desairarla.

Así que me armo de valor y abro la puerta, todos los viernes, abrir esa puerta es un salto a lo desconocido. Encuentro a mi madre sentada en el sillón, acaba de regresar de hacer sus compras, hay varias bolsas de víveres alrededor de ella, que pensativa revisa los tickets y hace cuentas en una calculadora. No hace falta decir que se ve hermosa, lleva sus jeans azules y una blusa negra de manga corta. Su cabello está suelto de atrás, pero recogido en el frente con una diadema, se ha maquillado escrupulosamente y el olor de su perfume me golpea aunque estoy a dos o tres metros de ella. Sí, sin duda Margarita se ha arreglado para mí, sé que ella está esperando por mí y eso pone como un animal. Sé que ella me estuvo esperando ansiosa, quizá con su entrepierna húmeda y palpitante, pero se cansó de esperar y fue al supermercado.

- ¿Cómo te fue en la escuela mi amor? - me dice, sin despegar la vista de su calculadora y siguiendo con su papel de madre amorosa, aunque bien sabe que los viernes ella y yo somos todo, menos madre e hijo

- Bien, me fue bien mamá

- Que bueno y entonces ¿Estuviste en el taller? - me pregunta, talvez algo celosa, pues se arregló para mí y se sentiría ridícula si supiera que yo preferí perder el tiempo en otra mujer o en cualquier tontería

- Sí, mi papá me pidió que cuidara un rato el taller- le explico mientras me aproximo al sillón y me siento junto a ella

- Ah ok ¿Y ya quieres comer?

- Sí, pero me gustaría comerte a ti, es que te ves muy linda- le digo casi jadeando al oído mientras muerdo su oreja y acaricio su frondosa pierna.


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